Haz un STOP, pausa tu vida. Eso es la Cuaresma. Pararte, dejar de ir deprisa. Y cuando me paro, ¿qué hago? Pues aprender a VER, a mirar con otros ojos las cosas. Para eso sirve la oración, que no es otra cosa que mirar la realidad con los ojos de Dios. Mírate tal y como te mira Dios. ¿Qué ve? ¿Cómo te mira?

Párate también para aprender a sentir. Siente el dolor de la gente que te rodea. ¿Y por qué no? Siente también el dolor de la gente que ves por el telediario, los inmigrantes, la compañera o el compañero que lloran en silencio y tú no te das cuenta. Eso en lenguaje de Cuaresma se llama” ayuno” (privarme de algo que me gusta para sentir lo que otros sienten cuando no tienen lo necesario).

Párate y siente el abrazo de Dios que te dice: no me importan tus faltas, me importas tú. Y así podrás abrazar a alguien y decirle que merece la pena. Abrazar como Dios abraza, escuchar como Dios escucha, levantar como Dios levanta y ayudar como Dios ayuda. Eso es la verdadera Cuaresma.